Museo Casa Oratorio Cabañas ( construida a fines del año 1.600)

Los orígenes de la antigua Alquería del Jaguary, conocida como el Oga Guazú de los Cabañas, datan de fines del Siglo XVII. El cronista jesuita Pedro Lozano la menciona durante la revolución comunera: José de Antequera y Castro situó allí sus baterías para enfrentar el ejército de indios misioneros de Baltasar García y en sus cercanías tubo lugar, en agosto de 1724, una cruenta batalla entre comuneros y realistas. Su entonces propietario, el Maestre de Campo General y Tte. de Oficiales Reales Don Felipe Cabañas, defendía el partido real y en ese momento estaba asilado en el Convento de San Francisco de Asunción, falleciendo poco tiempo después.

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Oriundo de Santander (España), Don Antonio Cabañas y Ampuero había llegado a América a mediado del siglo XVII, y testó en la Asunción en 1702. Con la Señora De Palacios y Molina tuvo un hijo, Felipe, de quien descienden todos los Cabañas Paraguayos.
A escasas leguas del Paso de Tebikuary, límite entre la provincia del Paraguay y las Misiones Jesuíticas, la valiosa Alquería fue legada en 1785 por el nieto de Felipe, el Maestre de Campo General de la Provincia Salvador Cabañas y Ampuero a su hijo José Vicente, a su hermano Francisco Cabañas Flores y su a sobrino Manuel Atanasio. 

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Manuel Atanasio Cabañas, héroe de las batallas de Paraguarí y Tacuarí, tenia a fines de la colonia inmensa propiedades extendidas desde Barrero Grande, Itacurubi y San José de los Arroyos hasta la ribera del Tebikuary. En 1810, en los albores de la independencia el Oga Guazú de los Cabañas fue nuevamente escenario de la historia patria: el General Manuel Belgrano la ocupo durante su frustada invasión y sus tropas la saquearon al retirarse.

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El Oga Guazú recobró parte de su Grandeza bajo el Gobierno de Don Carlos. En 1855 el Capitán Page recibido allí por el “rico estanciero” Cabañas, y quedó muy impresionado por el mobiliario y la platería de mesa del establecimiento, cuyas tierras se extendían desde las Colonias del Jaguary hasta el rio Tebikuary. Como el resto del país, sufrió los desastres de la Guerra Grande. En el post guerra, Page visitó una vez más la estancia: la hospitalidad de los Cabañas debió reducirse al charque servido en cuencos de estaño. Al otrora rico hacendado solo le restaba por mobiliario un catre.

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En esos años debieron también destruirse la amplia mansión de adobe, espacio principal de la Alquería y los altos muros de defensa cuyos sillares permanecen hasta hoy. Solo las firmes construcciones de piedra, una casa-habitación y el oratorio sobrevivieron a la acción destructora del tiempo.

Algunas piezas las tallas jesuíticas del Señor de la Paciencia y de la Virgen del Rosario, patronos del lugar, la platería del oratorio, los arcones, una tinajera, cántaros coloniales se salvaron por milagro de los saqueos o fueron recuperados después, y otras nuevas amoblaron el Oga Guazú en la post guerra. De tal modo que Rosa Cabañas quiso, a inicios del siglo XX, ver la casa de sus mayores convertida en un museo que guarda la memoria del lugar y de sus pobladores.

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